La vida es sueño
Mi relación con los sueños es un tanto peculiar. Cuando era pequeña, soñaba con objetos que me gustaban y me despertaba apretando los puños. Y es que creía que si durmiendo, había visto algo que me llamaba la atención, y lo sujetaba con fuerza justo antes de despertar, podría llevarlo conmigo. Tardé poco tiempo en desengañarme y darme cuenta de que lo "físico", no es capaz de trascender barreras. Da igual el empeño que pusiera en retenerlo, porque se escaparía para siempre. ¿Pero qué ocurre con aquellas cosas que no son materiales? ¿Somos capaces de retener esas ideas que pensamos mientras dormimos?
Algunas veces es complicado, porque los sueños son fugaces. Hay personas que son capaces de recordarlos por días, incluso toda la vida, pero se van perdiendo detalles que en el momento eran muy importantes. Muchos artistas los utilizan como base para crear sus obras, pero otros les damos mil y una vueltas. ¿Quién no ha pensado qué significado podría tener soñar con esto o con lo otro? Incluso nos preocupa el hecho, de que en muchas ocasiones, se repita una misma imagen más de una vez y lo atribuimos a premoniciones o incluso a algo esotérico.
Pero los sueños son instructivos. Nuestro cerebro recoge las experiencias vividas durante el día, nuestras preocupaciones, nuestras alegrías y penas y nos da la oportunidad de revivirlas con una pequeña vuelta de tuerca. En este proceso es donde debemos realizar el aprendizaje, distinguiendo la parte que nos da la fantasía y quedándonos solo con la parte importante. No todos los sueños, sin embargo, se prestan al análisis. A veces solo vemos pasar imágenes sin sentido, como en una película. Algunas son en blanco y negro, otras en tecnicolor. En ocasiones se vuelven negros y oscuros, porque recogen nuestros miedos y defectos, y nos despertamos sobresaltados, intentando deshacernos de esa visión tan incómoda. Y es que en cierto modo, soñar, es como vivir dos veces. Los sentimos tan reales que pueden aportarnos o restarnos tanto como las decisiones que tomamos a lo largo del día.
Pero, sobre todo, los sueños son sanadores. Para todos aquellos que como yo, tienen la mala suerte de ser incapaces de dejar de darle vueltas a las cosas, son una herramienta para encontrar respuestas y calmar nuestras inquietudes mientras descansamos. Anoche, sin ir más lejos, tuve un sueño de lo más extraño. Tras abrir una puerta de madera maltrecha me encontré con un niño. Estaba sentado en un pupitre rodeado por una barrera. Me acerqué a él y lo miré. Era rubio, con el cabello rizado como un querubín, pero su aspecto era el de un adulto curtido por los años. En su mesa tenía un cuaderno escolar, de dos líneas, en el que dibujaba sus letras infantiles como ensimismado. Me acerqué y le pregunté tímidamente:
-"¿Qué haces? "
- "Escribo", me dijo. "Escribo porque me desenreda el alma".
No soy capaz de recordar mucho más acerca de aquel niño, pero su frase se me quedó grabada.
Me consta que muchas personas son capaces de aliviar sus tensiones gracias al deporte, la meditación o alguna actividad artística. Yo simplemente no soy capaz. No había encontrado hasta ahora una actividad que me ayudara a soltar lastre y tampoco entendía muy bien porque me sentía mucho mejor cada vez que terminaba de escribir un post. Tuvo que venir mi pequeño niño interior a darme la respuesta a tantas preguntas que rondaban por mi mente. Es necesario encontrar nuestra forma de manejar las preocupaciones, y creo que yo ya encontré la mía.
Espero sinceramente que esta publicación os haya gustado y que en algún momento, soñando, os podáis encontrar con este sabio niño rubio.
No olvidéis que podéis visitarnos en nuestros grupos de Facebook #teamvalentina46 o Twitter @ teamvalentina46. ¡Hasta el próximo viernes!
