Paseando a Miss Daisy

Aún no había nacido y ya estaba dando que hablar. Mi mama os cuenta hoy la historia de mis primeros paseos por CDMX.
Antes de que nuestro bebe venga al mundo comenzamos a hacer acopio de todas esas cositas que el peque va a necesitar. Entre ellas está la elección de la "carriola" o carrito. En nuestro caso buscábamos algo que nos permitiera adaptar una pequeña cunita, para los primeros días, el maxi cosi después, y por último, la silla de paseo sin hacer un gran desembolso.
Teníamos que tener en cuenta que las calles de Ciudad de México son un poco infierno para el transeúnte. El mismo uso de las aceras y las calzadas, el continuo paso de camiones y los sismos las dañan, y hay agujeros y desniveles por todas partes. Así que acabamos optando por comprar un bogaboo de segunda mano, con una estructura robusta que permitía evitar la mayoría de los obstáculos sin mucho problema. Eso sí....¡¡¡como es el bugaboo!!! Para madres megatorpes como yo, plegarlo y desplegarlo era una auténtica aventura. Si a eso añadimos que estaba un poco atascado, digamos que salir con él, era totalmente un show. Ya alguna vez me lo tuvo que abrir un taxista, un voluntario que pasaba por allí....¡En fin! Un número.
Las dos primeras fases de su uso digamos que las pasamos con notable. Una vez que dejamos de usar la cunita y pasamos al maxi- cosi la cosa no estaba tan mal. En esta segunda fase la estructura de las ruedas se quedaba en el maletero y la sillita servía de silla de coche, donde Valentina iba sentada como una reina. El problema llego con la silla de paseo. Para empezar, digamos que la estructura y la silla plegadas en el maletero dejaban espacio cero para cualquier otra cosa. Además, la peque sentada estaba completamente torcida por su bajo tono muscular. Ya comenzaba a ser evidente que había que tomar cartas en el asunto antes de que la cosa llegara a mayores.
Fuimos solucionando el problema como pudimos: pequeños cojines, toallas plegadas y cosas así....pero al final son parches que no terminan de solucionar la papeleta. Comentamos el problema en un sitio y otro, pero francamente, creo que nadie nos tomo suficientemente en serio, y el problema es que Valen se sentaba cada vez más torcida. Un día, en su centro de atención temprana, nos dieron la solución: un asiento de escayola hecho especialmente para ella que podíamos poner en su sillita para que fuera sentada correctamente. Fue una solución temporal, pero le supuso un gran cambio postural pues nos permitio evitar una posible escoliosis.
Pero nada dura eternamente. Los niños crecen y su precioso asiento rosa personalizado se quedó pequeño y había que buscar otra solución. Teníamos que buscar para ella otro bólido especial con el que Valentina Rossi pudiera salir a la calle como una auténtica campeona.
Ahora está encantada con su super silla de ruedas, que no es para nada aparatosa, y que está adaptada a sus necesidades .Cada día te vemos más fuerte y feliz Valentina. Eres un ejemplo para todos.
