Supersize Me

15.09.2017

¿Recordáis aquel famoso documental de la televisión americana? ¿Aquel en el que el protagonista probó a alimentarse de una dieta hipercalórica solamente basada en hamburguesas? Esto poco más o menos es lo que ha ocurrido con Valentina estos meses. Tras un largo ingreso hospitalario dejó de comer por boca y tuvieron que ponerle una sonda nasogástrica. No nos engañemos, nunca fue una buena comedora. Aunque su dieta era completa y siempre comía de todo, tardaba tanto que pensamos que se le iba la fuerza en el intento y eso le hacía estar más delgadita de lo normal y un poco débil.


La sonda es un verdadero dolor de muelas. No creo que pueda haber nada más molesto que tener un cuerpo extraño, y Valen se busca las mañas para quitársela en cuanto nos despistamos un poco. Pero es un mal necesario. Como no todo va a ser malas noticias, decir que le ha permitido entrar en el margen de lo que debe ser su peso y está hecha un toro.

Cuando salimos por primera vez del hospital nos explicaron cuál era la forma correcta de darle de comer. Nos proporcionaron un sistema que funciona por gravedad; esto quiere decir que la botella y el sistema deben encontrarse a mayor altura que la boca de la sonda, haciendo que de esta forma caiga hasta la boquilla a la velocidad que nosotros le queramos poner. Conseguir encontrar la forma de que todo el aparataje estuviera a la altura adecuada tampoco fue fácil. De la parte logística se encargó el abuelo, que nos inventó un sistema basado en el palo de una escoba y que sustituye al atril del suero que nos tendrían que haber proporcionado. Lo rústico del sistema ha ocasionado cachondeitos varios, pero a Valentina parece ser que le encanta. Lo agarra como si fuera el cetro de la reina y se pasea por la casa agarrando su vara para demostrarnos quien manda realmente aquí.

Su dieta, desde el día en que comenzó con este tratamiento se ha basado estrictamente en la ingesta de leche, una formula especial rica en calorías que viene en pequeñas botellitas. Para que os hagáis una idea, cada pequeño envase contiene 200 calorías. Aún estamos lejos de las 1000 que se supone debe consumir por su edad, pero los resultados a la vista están.

Estas botellas, afortunadamente las pasa la seguridad social. De no ser así hubiéramos ido a la ruina económica directamente. No hace mucho estuvimos haciendo cálculos de lo que cuesta tan solo una unidad. Cada caja se vende a 188,85 euros y tiene 32 unidades. Eso quiere decir que cada bote cuesta cerca de los 6 euros- prácticamente lo mismo que un menú de esta famosa hamburguesería. Y nos dio por pensar: si un cerdito de los de Guijuelo come unos 8 kilos de bellota al día y la bellota cuesta unos dos euros el kilo, es más caro alimentar a Valentina que criar uno de estos animalitos. Y se confirmaron todas nuestras sospechas. Nuestras chiquitina es "pata negra".

Muy pronto pasaremos por el hospital y esta situación por fin podrá cambiar. Esperamos que los cambios le traigan una mejoría en la alimentación y eso le permita disfrutar de los platos que antes tanto le gustaban. ¡Mucho ánimo Valen!, aguanta que ya queda poco para comernos juntas una buena berza.

Llegamos al fin del post de hoy. Recuerda que si te gustó puedes seguir nuestras historias cada viernes o unirte a los grupos que hemos creado para el blog: #teamvalentina46 en Facebook o @teamvalentina46 en Twitter. Te esperamos muy pronto.

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